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09/05/2008
Un cuento cyberpunk

El tipo miró la hora. Aún tenía tiempo. Se sentó en el sofá y partió el cigarro, sacó el papel, tomó la piedra. En el televisor, seres atrapados en el tiempo daban las noticias en el canal 24h.
El tipo quemaba la piedra y se acordó de algo: el café estaba en el microondas. Allí, a lo lejos.
El tipo consideró si era mejor ir a por el café o quedarse como estaba, lo consideró un buen rato, no tenía prisa, hasta que olvidó la pregunta.
Y, a todo esto, ¿qué hora era?
Vaya. Era la hora. Tenía que ir a currar.
El tipo suspiró, pegó un calo, se levantó del sofá. ¿Dónde estaban las zapatillas? Daba igual, con los calcetines iba bien.
El tipo se dirigió hacia el ordenador y examinó la lista. Y lo que vio era bueno.
Y apretó el play.
Y en el bar estalló la locura.
20/05/2008
El camino del exceso (o Siddartha v 2.0)

Cuando el anciano y mil veces venerable lama Iddadehendra llegó a la pequeña aldea, acompañado por cientos de seguidores y discípulos, muchos fueron los jóvenes que sintieron en su corazón la llamada. Entre ellos se encontraba el humilde y discreto Dippendrha, que vio su pura alma conmovida al contemplar la gracia divina de cada pequeño gesto del lama y la sonrisa que adornaba su rostro, la sonrisa de quien ama todo lo vivo y se sabe cerca de Buda, destruido ya su ego y quedándole tan solo un millón de vidas por vivir hasta alcanzar por fin el Nirvana, el estado divino en el que el tiempo no existe, hecho ya el Uno con lo Eterno.
Fue por ello que Dippendrha adoptó los votos de los discípulos de Iddadehendra y vistió la túnica amarilla de los buscadores de la Verdad, y únicamente cuando los enormes y bellos ojos de Ambika, su amiga, se tiñeron de tristeza al recibir la noticia, Dippendrha sintió el veneno de la duda en su corazón. Pero tan sólo al final del camino escogido aguardaba el antídoto contra la duda, contra toda duda, así que se despidió de Ambika con una casta reverencia y partió hacia el bosque, donde el lama y su comitiva pretendían pernoctar unos días, para continuar luego con su peregrinación.
No fue ese el camino tomado por Yunus, amigo de la infancia de Dippendrha, que recibió con un encogimiento de hombros la decisión de su amigo, deseándole suerte en su búsqueda con una amistosa sonrisa. Ello entristeció a Dippendrha, que veía como Yunus malgastaba sus días en la taberna, disfrutando inconscientemente de los placeres de la bebida y el juego. Pero ese era el camino escogido por Yunus, si tal existencia podía considerarse camino, por lo que Dippendrha trató de transformar su tristeza en compasión, y se despidió también de su amigo.
Pasaron los días y tras los días los meses y tras los meses los años, y Dippendrha viajó por los polvorientos caminos de la tierra y por los polvorientos caminos de su alma, sin apenas prestar atención a los primeros (una ilusión de sus sentidos, al fin y al cabo), siguiendo los gráciles pasos del divino Iddadehendra. Cada gesto suyo era una caricia a la creación, su sonrisa una declaración de amor correspondido a todo lo existente, y Dippendrha se esforzaba en asemejarse al divinal lama, buscando en la meditación el vacío perfecto en el que el tiempo y la materia, por fin, no existían, y el alma se convertía en la flor más bella nacida de la materia más impura. Om mani pad me hum. Tales eran los trabajos en los que el esmerado Dippendrha encadenaba los días y tras los días los meses y tras los meses los años.
Tan solo las noticias que, de vez en cuando, llegaban de su pequeña aldea, rompían la armonía que Dippendrha se esforzaba, día tras día, mes tras mes, año tras año, en construir: su amigo Yunus había adquirido fama de crápula disoluto, yaciendo con cuanta mujer accediera gustosa a sus deseos, gastando el dinero obtenido en descastados trabajos en las tabernas y en el juego, calentada su piel más a menudo por la fría luz de la pálida luna que por los cálidos rayos del benigno padre sol. Yunus era amado por las mujeres y odiado por los hombres, excepto por las mujeres de los hombres con los que compartía vino y juego, y por estos últimos. Y Dippendrha, desde la lisa y recta senda que conducía al Nirvana, al fin del tiempo, no pudo más que sentir gran pena por su amigo de la infancia, hundido en el negro fango de un pantano sin senda que recorrer.
Y llegó el triste y a la vez jubiloso día en que el mil veces venerable lama Iddadehendra murió por novecientas noventa y nueve mil, novecientas noventa y nueve última vez, y lo hizo con su eterna sonrisa dibujada en el rostro. Una sonrisa que reflejaba la satisfacción de a quien todo lo que veía satisfacía, pues de todo conocía la naturaleza secreta; esa naturaleza secreta que Dippendrha trataba de hallar, esa eternidad sin tiempo que se escondía tras el constante incordio del momento, tras la incansable trampa del instante que a la eternidad, el fin y el todo de todo instante, negaba inundando los sentidos de colores, olores y sensaciones, que a los imperfectos sentidos, sensibles tan sólo a lo material y tangible, engañaban, ocultando lo inmaterial y lo intangible, la naturaleza secreta de todo lo existente, de lo eterno.
Y fue entonces, tras la muerte del lama, que Dippendrha, como aplicado discípulo con la misión de recorrer la tierra llevando a los hombres el mensaje de Iddadehendra, decidió volver a su pequeña aldea tras muchos días, muchos meses, muchos años, ausente.
Llegó una luminosa tarde, poco antes de la estación de las lluvias. Dippendrha había recorrido en peregrinación muchas tierras y atravesado muchas aldeas, pero ninguna de ellas había conmovido su espíritu como aquella en la que había nacido, al contemplarla allí, entre montañas, tras doblar el último recodo del camino. Sin prisas, entró en la pequeña aldea saludando con una reverencia a cuanto vecino se encontraba, reconociéndoles él a todos pero sin reconocerlo a él ninguno.
Dippendrha, sin saber muy bien porqué, se sorprendió sintiendo una incómoda turbación interior. Pero siguió caminando.
Chiquillos que no habían nacido cuando él partió jugaban escandalosamente en la embarrada calle, deteniendo la mayoría sus juegos para contemplar, sonrientes y curiosos, al extraño extranjero de amarilla túnica. Uno de esos niños llamó poderosamente la atención de Dippendrha por sus enormes y bellos ojos; los mismos enormes y bellos ojos de Ambika, su amiga. Y su turbación aumentó, por lo que Dippendrha, guiado por un involuntario e irresistible impulso, sintió la necesidad de atravesar con rapidez la pequeña aldea, y recuperar la serenidad perdida en algún rincón apartado. Junto al río, por ejemplo. Y hacia allí se dirigió.
Pero junto al río no le aguardaba la serenidad perdida sino Yunus, que dormía la borrachera bajo un árbol. Dippendrha sintió una alegría desbordante al contemplar a su amigo, al que suavemente, con una sonrisa, despertó.
Yunus abrió los ojos somnoliento y, tras unos instantes de desconcierto, estalló de júbilo.
-¡Dippendrha!- exclamó. Y los dos amigos se fundieron en un abrazo.
-¡Dippendrha, amigo, qué alegría verte!- continuó Yunus, deshaciendo el abrazo para poder observar el rostro de su amigo.-¿Cómo ha ido tu peregrinación?¿Encontraste lo que buscabas?
- Lo que busco no es fácil de hallar en una vida, y quizás tampoco en varias. Pero, a veces, no es tan importante llegar al destino como hallarse en el camino- contestó Dippendrha.- No es fácil abrir el tercer ojo con el que contemplar lo intangible y lo eterno...
- Pues yo sí que he estado abriendo algún tercer ojo que otro...- respondió Yunus con una pícara sonrisa que Dippendrha, desconcertado, no estuvo muy seguro de haber comprendido.
- Ya, bueno...- prosiguió Dippendrha.- Algunas noticias me han llegado en todos estos años acerca de ti, Yunus, y la verdad es que no han sido en absoluto de mi agrado y me han provocado profunda tristeza.
La sonrisa alegre de Yunus desapareció de su rostro.
- Me dijeron que dedicabas tus días y tus noches a la bebida y al juego, gastando tus exiguas ganancias en complacer a tus amigos de taberna, y que yacías con toda mujer que accediera a tus deseos, ya fuera por vicio o por inocencia...- continuó Dippendrha con una mezcla de compasión y firmeza en su voz, mirando a Yunus fijamente a los ojos.- Que te has dejado llevar por tus impulsos egoístas, siendo amado por los pecadores y compadecido por los virtuosos...
- Si tales virtuosos me compadecieron, como dices, muy virtuosos no debían ser, pues, al igual que tú, pecaron de soberbia.¿Acaso ellos y tú, al atreveros a juzgarme, no estáis pecando de ella?
Dippendrha miró a su amigo, desconcertado.
- Dices que me he dejado llevar por mis impulsos egoístas...- continuó Yunus.- Pero,¿no partiste tú tras los pasos del lama pensando únicamente en ti mismo?¿Tuviste en cuenta los sentimientos de los demás?¿Los de Ambika, por ejemplo?
Los ojos de Dippendrha se abrieron más, mientras escuchaba atentamente a su amigo.
- Si lo que querías era destruir tu ego, empezaste mal... pero no era yo nadie para juzgarte.
- Pero yo escogí el camino que podía llevarme a la destrucción de ese egoísmo, hacia lo eterno y lo verdadero- se defendió Dippendrha.- Tú buscaste solo el disfrute del instante, viviendo en un egoísmo continuo y...
- Como ya te he dicho antes, todos, incluido tú, vivimos en un egoísmo constante. Tú te has preocupado de tú interior y yo de mi exterior, con la única diferencia de que yo no he juzgado si tu camino era el correcto o no, porque era el tuyo, y tú sí has juzgado el mío. Además, tu búsqueda de la verdad no causaba ningún mal a nadie... excepto a Ambika, quizás, pero eso ya no importa. Por otro lado,¿qué hay de malo en disfrutar del instante?¿Porqué tanta prisa por llegar a la eternidad?¿Qué importa llegar antes o después a donde ya no existe el tiempo? Personalmente, me parece una idea un poco estúpida, la verdad...
Dippendrha no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.
- Hablas de las mujeres con las que he yacido como de viciosas o ingenuas, negándoles el derecho al goce como si eso fuera de tu incumbencia. Como si el goce fuera malo. De nuevo, soberbia. Y hablas de mis amigos de taberna dando más importancia a la palabra taberna que a la palabra amigos, lo que, en verdad, como amigo tuyo, me apena.
Dippendrha trató de responder a eso, pero las palabras no acudían a su boca.
- Tú decidiste buscar la eternidad, y yo el fugaz momento. Y pocas veces mi alma se ha conmovido, ante tanta belleza, como en el momento en que contemplo, con mis ojos y con mi cuerpo, a una mujer disfrutando de un instante de gozo pleno; un instante en el que ni para ella, ni para mi, existe el tiempo o la muerte. Si eso no es la eternidad, que baje Buda y lo vea.
Dippendrha contemplaba en silencio a su amigo, que admiraba ausente la corriente del río mientras hablaba.
- Y esa eternidad se encuentra bajo muy diversas formas, pero todas bajo la conciencia plena de lo eterno de un instante, y de lo fugaz de lo eterno.
Yunus miró de nuevo a Dippendrha, que contemplaba a su amigo como nunca antes lo había hecho. La alegre sonrisa de este había vuelto a su rostro.
- Porque ese es el problema que tiene la eternidad: que dura muy poco.
Las palabras de Yunus causaron una fuerte impresión en Dippendrha, que, por vez primera, olvidó buscar la eternidad para detenerse en el instante. Detenerse a contemplar la preciosa tarde en la que se había reencontrado con su amigo, sentir, por vez primera, los cálidos rayos del sol en su rostro, sentir, por vez primera, el frescor de la hierba bajo sus pies. Una tarde perfecta en la que el río, los árboles, las montañas, eran él mismo y él era todo eso, pues él formaba parte de esa tarde, de ese paisaje, de ese instante, como formaban parte de él el río, los árboles, las montañas. Ese instante, ese fugaz momento, se volvió eterno cuando Dippendrha se convirtió en parte de él.
Y Dippendrha, al descubrir por vez primera la belleza de todo ello, sonrió como nunca antes lo había hecho, pues su sonrisa era una declaración de amor correspondido a todo lo existente, y reflejaba la satisfacción de a quien todo lo que veía satisfacía.
Al fin y al cabo, el lama Iddadehendra había sido un pringao. Tan solo le quedaban un millón de vidas por vivir.
27/05/2008
Luna de sangre sobre la fortaleza de la noche
Llegó la noche esperada. La hora de la verdad. Ivan encendió su ordenador. El fondo de su escritorio, con el emblema del equipo Ragnarok, le dio la bienvenida, recordándole porqué estaba un viernes por la noche, a sus dieciséis años, ante su computadora de última generación.
Hoy tendría lugar el combate. Era la hora de las tortas. Gloria o vergüenza. Victoria o muerte. Aquel atajo de subnormales de los Señores del Abismo llevaban ya varias semanas lanzando sus retos a través de la red, pidiendo la revancha de aquel glorioso día en que, en la final por equipos del shoot´em up “Blood Moon”, el equipo Ragnarok exterminó a los Señores del Abismo tras un encarnizado combate, que ha quedado para los anales de los torneos on- line por su espectacularidad y salvajismo. Ahora, las heridas habían cicatrizado pero no se había saciado la sed de venganza, por lo que los Señores del Abismo exigían su derecho a un nuevo enfrentamiento.
No se trataba de un combate oficial, que recompensara al vencedor con una mejora en sus estadísticas y un ascenso en el ranking, sino un duelo promovido por el rencor de los Señores del Abismo, y aceptado por la arrogancia del equipo Ragnarok. Cada uno de los ocho participantes en su casa. Cuatro por equipo. Servidor: Inferno. Escenario y armas disponibles: a elección de los retados. Sin límite de tiempo. Sin medipacks que repongan la energía perdida. A muerte.
La noche se presentaba bien. Tan solo faltaba un detalle: la música. Ivan dudaba. Rammstein le proporcionaría ritmo salvaje, furia ciega, y la sensación de inmortalidad que todo fragtrooper necesitaba para enfrentarse a las balas; por otro lado, Marilyn Manson le sumiría en aquel estado de semitrance en el que un sanguinario e indiferente asesino, de gran puntería, tomaba el control de su ratón: mientras le quedaran cartuchos, no perdería jamás la siniestra sonrisa de tiburón que se dibujaba en su rostro ante la perspectiva de una buena carnicería. Así pues, Marilyn Manson. Y a tope. Al fín y al cabo, sus padres no llegarían a casa hasta bien entrada la madrugada (¡ bendita cena de empresa!), y no molestaría a nadie si subía demasiado el volumen de su minicadena.
O a casi nadie.
El señor Leandro se despertó sobresaltado. Al parecer, las puertas del infierno se habían abierto en el comedor donde dormitaba tranquilo, y solo cuando comprobó que el estruendo venía de la habitación de su nieto, se levantó del butacón de skay rojo. Cachis la mar... por culpa de la siesta se había perdido Cine de Barrio. Recachis...
El anciano abrió la puerta en la que un cartel prohibía entrar. En la penumbra de la estancia, solo rota por el brillo del monitor, y acentuada la sensación claustrofóbica a causa de la ensordecedora música, destacaba la silueta de su nieto, recortada contra la luminosidad de la pantalla. Ivan no se percató de su presencia hasta que fue demasiado tarde: un leve contacto de la mano del señor Leandro sobre el hombro del adolescente bastó para que este saltara, sobresaltado, de su silla.
Si la música hubiera estado más baja, Ivan sabría que su abuelo, comprensivo y con ganas de comunicar su sabiduría al más joven de su clan, trataba de decirle que no entendía como, a su edad, malgastaba una noche, sin sus padres en casa, delante del ordenador, en lugar de organizar un guateque de los buenos con sus amigos del instituto. Y sus amigas, claro. ¿Ya le había contado que él, de joven, era muy apuesto, y se las llevaba a todas de calle? ¡Qué gran noche aquella que pasó en la Cala del Moro con Edith, la bonita francesita que todos los mozos codiciaban! Era tan guapa... pero el volumen de la minicadena estaba al máximo, e Ivan se limitó a asentir de manera indiferente mientras, con el mando a distancia, bajaba imperceptiblemente la voz. Sí, abuelo, sí. El señor Leandro sonrió complacido y, con paso lento, salió de la habitación.
A lo que íbamos. Excelente. La conexión se estableció con rapidez. Hasta hacía apenas unas semanas, Ivan utilizaba el pc que su padre tenía en su despacho, pero ahora, con su nueva y flamante máquina, la respuesta era instantánea. El lag no le cogería desprevenido.
Todo estaba dispuesto. Escenario: La Fortaleza de la Noche. Un opresivo y laberíntico mapeado representando la compleja estructura de un asentamiento alienígena. Éste recordaba al entramado de tortuosas calles que componen, siniestra ucronía, un barrio gótico, en cuyo centro se alzaba, imponente, la blasfema Catedral de la Carne Muerta. Armas de inicio: cuchillo de supervivencia y automática. Dos cargadores. Armas disponibles: escopeta de dos cañones recortada, subfusil, ametralladora pesada, rifle láser y lanzacohetes. Equipo Ragnarok, uniforme gris; Equipo Señores del Abismo, uniforme negro.
Dos minutos para la medianoche. Empieza el juego.
Kaos ( Ragnarok) ................................................... entered the game
Bien. Muy bien. Has aparecido en la Catedral de la Carne Muerta.
Smokingdelux ( Ragnarok) ..................................... entered the game
The last czarcian ( Ragnarok) ................................ entered the game
Inmortal ( Ragnarok) .............................................. entered the game
Lecter ( Señores del Abismo) ................................ entered the game
Ejecutor ( Señores del Abismo) ............................ entered the game
Buliwyf ( Señores del Abismo) .............................. entered the game
Paladin ( Señores del Abismo) ............................. entered the game
Lo primero es lo primero. Envías tu mensaje.
kaos: sin piedad con estos hijos de perra Ragnaroks
the last czarcian: haw haw haw!
lecter: nos vais a comer el rabo en dos tiempos capullos
smokingdelux: despues de que me cague en tu boca imbecil
La cosa promete. Pero pasemos a la acción: dispones de algún tiempo antes de tener un primer encontronazo, por lo que te diriges al altar/ mesa de sacrificios de la impresionante catedral, donde sabes que aguarda la siempre fiel escopeta de dos cañones recortada (“chata” para los amigos, “putada” para los enemigos). Inconvenientes: poco alcance y baja cadencia de fuego. Ventaja: puedes disparar, si lo deseas, los dos cartuchos a la vez, con lo que dispones de una capacidad destructiva destacable. Con el lote, diez cartuchos. Y todos llevan escrito el nombre de un señor del abismo.
Sincronicemos los relojes: debes reunirte con Smokingdelux en el callejón que hay a la izquierda de la Plaza del Odio, justo enfrente de la catedral. Esta plaza suele estar bastante concurrida por los jugadores debido a su localización céntrica, y el callejón permite la posibilidad de tender salvajes emboscadas, además de ser fácilmente defendible. Inmortal, por su parte, ocupará la catedral en la que ahora te encuentras, con la orden expresa de salir a la plaza en caso de que el edificio sea invadido por cualquier señor del abismo, donde será presa fácil de vuestra trampa. The Last Czarcian prefiere ir por libre, pero no tenéis inconveniente. También él sonríe como un tiburón.
Sales a la empedrada plaza. El cielo, encapotado de nubes rojas, amenaza tormenta (aunque nunca llueve). Cruzas la plaza hacia el callejón. No te gustan los espacios abiertos. Eres un blanco fácil.
En el callejón te espera ya Smokingdelux, armado con un subfusil.
paladin: donde estais escondidos mamones?
kaos: en el coño de tu madre joputa
Ves a Inmortal entrar en la catedral. El cebo está puesto. Tan solo hace falta que piquen los besugos.
Lobo solitario ................................................. entered the game
¿ Eh?¿Quién coño es Lobo Solitario?
lecter: ya estais haciendo trampas cabrones?
kaos: no es de nuestro equipo, mamon
ejecutor: quien eres lobo solitario?
lobo solitario: el que os va enviar a todos al infierno
Vaya, vaya, vaya. Un intruso ha entrado en el servidor. Y, además, va de guays. ¿ Quién coño le ha invitado? esta era una partida restringida...
inmortal: asi que se nos ha colado un lobo ¿ donde tienes a caperucita, kbron?
lobo solitario: en mi punto de mira, inútil
lobo solitario kills inmortal
Joder.
Se ha cargado a Inmortal.
¡Está en la catedral!
Va a saber lo que es bueno. Cargas contra el siniestro edificio. Tu recortada está preparada para interpretar su canción de muerte.
smokingdelux: esta partida no vale. se ha cargado a uno de los nuestros
paladin: largate lobo esto es un duelo privado
Entras en la catedral, y avanzas, oculto tras las columnas, hacia el altar. El cuerpo sin vida de Inmortal yace en el virtual suelo. Su asesino ya no se encuentra aquí.
lobo solitario: tenéis miedo
smokingdelux: los cojones. pero estas ayudando a los señores del abismo. sois cinco contra tres
lobo solitario kills paladin
lobo solitario: os mataré a todos
Qué hijo de puta. Es muy bueno.
lecter: por mi no hay problema. le da mas emocion a la partida
the last czarcian: te vamos a poner mirando a triana, lobo solitario
Así sea. A por ellos. A por todos.
kaos: cambio de planes smokingdelux
smokingdelux: nos vemos en el infierno kaos
Y el infierno te seguía. Sales de la catedral por la puerta que hay en el ala derecha. La sonrisa de tiburón ilumina tu rostro. El anticristo superstar te da su bendición. Cuando llegas a la plaza de la estatua, descubres el lugar donde la muerte sorprendió a Paladin. Te deja en herencia un subfusil y ciento cincuenta balas. Deduces por ello que no tuvo tiempo de apretar el gatillo.
¡Joder! ¡Alguien te está disparando! Encuentras refugio tras unos contenedores, y localizas a un tirador apostado tras una esquina. El cabrón lleva una ametralladora pesada. Disparas una ráfaga y vuelves a agazaparte. Han cesado los disparos.
Seguramente, el muy mamón pretende sorprenderte, dando la vuelta a la manzana de tu derecha. Así que vuelves por donde has venido, y te escondes tras la catedral. Efectivamente, al cabo de un instante pasa corriendo, cerca de ti pero sin verte, un señor del abismo armado con una ametralladora pesada. Va a pillar la del pulpo. Corres tras él. Te colocas a su espalda. Escondes el subfusil y empuñas la recortada. Disparas los dos cartuchos a la vez.
kaos kills ejecutor
smokingdelux: como un campeon
La ametralladora pesada es tuya.
buliwyf kills the last czarcian
La cosa se pone seria. Tú y Smokingdelux, contra los dos señores del abismo que quedan. Y el puto lobo estepario, o como mierdas se llame. ¿Y quien demonios tiene el lanzacohetes?
smokingdelux kills buliwyf
smokingdelux: bonito trabajo en equipo, kaos
¿Eh?¿ Qué coño dice este tío?
lobo solitario kills smokingdelux
¡Maldito hijo de puta! ¡El muy cabrón lleva un uniforme gris!
Regresas a la Plaza del Odio. Los cuerpos inanimados de Smokingdelux y Buliwyf duermen, sobre el frío suelo, el sueño del guerrero. Sus armas, un subfusil y una ametralladora pesada, flotan sobre sus cadáveres. Muévete. Aquí eres un buen blanco.
Alguien piensa lo mismo. Un cohete pasa muy cerca de ti, explotando a tus espaldas. Lecter está en el otro extremo de la plaza, y va muy bien armado. Más vale que corras: con un disparo del lanzacohetes o del fusil láser, estás muerto. Con el lanzacohetes, por su amplio radio de impacto y capacidad destructiva. El fusil láser requiere una mayor precisión, pero si te impacta... GAME OVER. Así que será mejor que huyas y prepares una emboscada. Pero has sido demasiado lento. Sigues encarado hacia Lecter, con lo que eres testigo de cómo un rayo púrpura vuela su cabeza, abatiendo al último de los Señores del Abismo.
lobo solitario kills lecter
No hay tiempo. No pienses. Corre hacia la catedral... no. Espera. Un fragtrooper con uniforme gris permanece de pie ante el gran portalón. Es él.
¡Dispara!
Tu ametralladora pesada escupe plomo; la ráfaga hace añicos el portalón; pero Lobo Solitario ya no está ahí. Ha entrado.
Te está esperando.
lobo solitario: te estoy esperando
Maldito hijo de puta. Irás a por él. Vaya que sí. Pero antes, recogerás el lanzacohetes que flota sobre los sprites que un día fueron Lecter. Quedan dos proyectiles. Suficiente.
Te encaminas hacia la tenebrosa edificación. El cielo continúa encapotado. Aún no llueve, pero pronto se oirán los truenos. A tus espaldas, Marilyn Manson y su ejército infernal te animan a que conviertas en pulpa a ese cabrón. Amén.
lobo solitario: hay dos cosas que debes saber antes de morir
Entras en la catedral. La oscuridad oculta a tu enemigo. Que se haga la luz. Disparas un cohete hacia el ábside del edificio. La zona comprendida entre el altar y el ala izquierda de la nave principal se convierte en un infierno.
lobo solitario: una: soy el mejor en este juego de vida y muerte. recuérdalo si volvemos a encontrarnos
Disparas de nuevo. Ahora, es el ala derecha la que vuela por los aires. No puede haber sobrevivido. A menos... a menos que estuviera agazapado tras alguna columna...
lobo solitario: y dos: ¡baja el volumen de una puta vez!
lobo solitario kills kaos
El señor Leandro apagó el ordenador y salió, satisfecho, del despacho de su hijo. Y pensar que hizo aquel cursillo de internet para la tercera edad porque la profesora se parecía tanto a Edith... La bonita Edith. La francesita que todos los mozos codiciaban.


